viernes, 13 de abril de 2007

LOS DIABLOS DEL NUEVO SIGLO

A los niños y niñas de Guadalupe Tepeyac en el exilio.

"Miguel Cantun, de Lerma, es amigo de Canek. Le escribe una carta y le manda a su hijo para que haga de él un hombre.
Canek le contesta diciéndole que hará de su hijo un indio."
canek. Historia y leyenda de un héroe maya
Ermilo Abreu Gómez.

Este no es un texto político. Es sobre los niños y niñas zapatistas, sobre los que estuvieron, sobre los que están y los que vendrán. Es por tanto, un texto de amor... y de guerra.
Los niños pueden producír guerras y amores, encuentros y desencuentros. Magos impredecibles e involuntarios, los niños juegan y van creando el espejo que el mundo de los adultos evita y aborrece. Tienen el poder de modificar su entorno y convertír, es un ejemplo, una hamaca vieja y deshilachada en un moderno avión, en un cayuco, en un carro para ir a san Cristobal de las Casas. un simple garabato, trazado con el lapicero que la mar les facilita para estos casos, les da batería para contar una complicada historia donde el "anoche" abarca horas o meses, y el "al rato" puede qurern decír "el siglo que viene" , (¿alguien lo duda?) ellos y ellas son héroes y heroínas. Y lo son, pero no solo en sus historias ficticias, también y sobre todo en su ser niños y niñas indígenas en las montañas del sureste mexicano.
Nueve son los círculos del infierno de Dante . Nueve las cárceles que encierran a los niños indígenas en México : hambre, ignorancia, enfermedad, trabajo maltrato, pobreza, miedo, olvido y muerte.
En las comunidades indígenas de chiapas, la desnutrición infantil llega hasta 80 % , 72% de los niños no alcanzan siquiera terminar el primer año de la primaria escolar, y en todos los hogares indígenas niños y niñas, desde los cuatro años de edad, deben cortar y acarrear leña para comer. Para romper esos círculos hay que pelear mucho, siempre, incluso desde niño. Hay que luchar fuerte. A veces hay que hacer una guerra contra el olvido.
He dicho que éste es un texto sobre los niños y niñas que estuvieron. Como es de caballos y caballeros que "las damas primero", empezaré por ese recuerdo que aspira a no repetirse.
Se trata de la Paticha. Ya antes hablé de ella y, a través de ella, de todos los nonatos del sótano de México.
Mucho se ha escrito, para bien o para mal, sobre las causas del alzamiento zapatista. Yo aquí aprovecho para proponer otro punto de partida: los zapatistas nonatos, es decir, buena parte de los niños zapatistas. Rara es la familia indígena en México que no cuente 3 o 4 niños muertos antes de los 5 años. Miles en las montañas del sureste mexicano, decenas de miles en el desván abandonado por la "modernidad" gobernante: los pueblos indios, los habitantes originales de estos suelos.
Con menos de 5 años de edad, la Paticha murió de una fiebre. En unas horas, una calentura le quemó los años y los sueños.
¿Quín fue el responsable de su muerte? ¿Qué conciencia se fecundo con su desaparición ? ¿Qué duda se resolvió? ¿Que miedo se derrotó? ¿Qué valentía floreció? ¿Qué mano se armó? ¿Cuántas muertes como la de la Paticha hicieron posible la guerra que inició en 1994?
Las preguntas son importantes, porque la muerte de la Paticha fue una muerte oscura. Ya antes dije que ni siquiera se tomó como deceso, pues para el poder nunca nació. Es más, la nonata llamada Paticha murió en la oscuridad de la noche, en el olvido.
Sin enbargo, oscuridades como la de muerte son las que iluminaron la mediocre noche de este país, en 1994...
La mayoría de los niños y niñas zapatistas de Guadalupe Tepeyac en el exilio, nacieron y crecieron lejos de su hogar. En el gobierno mexicano hay ahora otro partido político y estos niños siguen siendo rehenes (ahora de quienes se autodenominan "promotores del cambio") para imponernos la rendición. ¿Qué ha cambiado para estos niños?. La historia de su poblado original les parece como de cuento, tan lejos está en tiempo y espacio que les parece un un viaje muy largo volver a él. Complicados y mezquinos cálculos políticos y una soberbia estúpida son los que los expulzaron de su pueblo y los que se niegan a devolverles lo que les pertenece.
No solo en este pueblo errante, en todas las comunidades zapatistas los niños y las niñas crecen crecen y se van haciendo jóvenes y adultos en medio de una guerra. Pero contra lo que se pueda pensar, las enseñanzas de sus pueblos no son de odio y venganza, mucho menos de desesperanzay tristeza. No,en las montañas del sureste mexicano los niños crecen aprendindo que "esperanza" es una palabra que se pronuncia en colectivo, y aprenden a vivir la dignidad y el respeto al diferente . tal vez una de las diferencias de estos niños con los de otras partes, es que éstos aprenden desde pequeños a ver el mañana.
Más y más niños y niñas seguirán naciendo en las montañas del sureste mexicano. Serán zapatistas y, como tales, no alcanzarán a tener un angel de la guarda. Nosotros, "pobres diablos", habremos de cuidarlos hasta que se hagan grandes . Grandes como nosotros, los zapatistas, los más pequeños...
Desde las montañas del sureste mexicano.
subcomandante Insurgente Marcos.
México, Febrero del 2001
Si deseas leer el artículo completo, consulta el periódico la jornada del jueves 22 de Febrero de 2001

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